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No me gusta la palabra “ciencia”

«Ciencia y fe, ¿amigas o enemigas?», «Dios y la ciencia», «La fe frente a la ciencia», «Creo en la ciencia», «¿Qué dice la ciencia? «, «La ciencia demuestra que…», etc. Tantas fórmulas que corren por la web, los periódicos y los libros, y me incomodan. ¿La razón? Todas transmiten una imagen de la «ciencia», muy remota. Una actividad que se podría asemejar a la alquimia, realizada por extraños con gafas enormes y batas blancas. El «cienciolatra» quizás se alegrará de ello, ya que sitúa a la «Ciencia» mucho más allá de cualquier actividad mundana. En cuanto al «cienciofobo», nada de esto le reconciliará con la ciencia, sin mayúscula ni comillas.

Me gustaría desacralizar “la ciencia». Quitarle esta aura artificial y explicar que, en última instancia, sus métodos y sus principios no son nada extraños a cada uno de nosotros.

EL MÉTODO

Empecemos con el método. Pero nada de epistemología académica. Conformémonos con epistemología del bar de la esquina.

Así que se nos dice que «la ciencia», cuando desea entender un fenómeno, empieza emitiendo hipótesis antes de someterlas a la prueba de la experiencia. ¿Acaso no es exactamente lo que hacen cuando pierden sus llaves? Empiezan con unas hipótesis, «tal vez estarán en el bolsillo de mi chaqueta, o en el mueble del salón». Y luego, pues, claro que van a comprobar si están en el bolsillo ese, o encima del mueble.

En resumen, uno se imagina lo que puede haber pasado, antes de comprobarlo. Que se trate de buscar unas llaves o una partícula, todo el mundo funciona así. El «método científico» no es nada más que una cuestión de sentido común. Richard Feynman, uno de los físicos más brillantes del siglo pasado, escribió que «la ciencia es el arte de no dejarse engañar.» Y cuando usted no quiere dejarse engañar, pone sus hipótesis a prueba una y otra vez.

LA JERGA

Un atributo de «la ciencia» que no contribuye a acercarla a cualquiera, es su jerga. Veamos esto.

Un amigo me hablo un día de la «MS en los EGA». Al ver mi desconcierto, tuvo que traducir, «Medidas de Seguridad en los Edificios de Gran Altura». La jerga no está diseñada para molestar a los demás (aunque se suele usar para presumir un poco). Su primera razón de ser es que ahorra tiempo al evitar tener que explicar las cosas una y otra vez. También permite una comunicación precisa, al usar términos que tienen el mismo sentido para los iniciados. Cuando un diario escribe “Zidane juega un 4-2-3-1 sin mediocentro defensivo”, cualquier aficionado sabe exactamente de qué se trata (yo no). Pero cuando escucha a un abogado o a un médico, puede que el mismo aficionado entienda solo la mitad del discurso (como yo). Pero no es el primer propósito de la jerga. Su propósito es comunicar eficazmente, acerca de nociones que no se encuentran en la vida cotidiana.

Todas las profesiones tienen su jerga. Deportistas, abogados, marineros, médicos, fontaneros, carpinteros, montañeros, ciclistas, músicos, informáticos… Todos, tarde o temprano, me darán la sensación de que hablan chino. Pero es sin mala intención ninguna. Simplemente es el precio a pagar por una comunicación «interna» eficaz. No es nada específico de «la ciencia».

LAS MATES

Existe un elemento de la jerga científica que parece muy hermético: las mates. El uso intensivo que “la ciencia” hace de las mates, sin duda contribuye a dar la sensación de que las conclusiones «científicas» salen de los sombreros como los conejos de los magos. Me gustaría explicar que también las mates no son nada más que una extensión del sentido común.

Usted compra tres manzanas y una naranja. La naranja cuesta 2 euros. En total, ha pagado 5 euros. ¿Cuánto costó 1 manzana? Fácil: Si el conjunto costo 5 euros y la naranja 2, es que las manzanas costaron 3 euros. Y si pago 3 euros por 3 manzanas, es que una manzana costo 1 euro. Acaba usted, tal vez sin saberlo, de «resolver la ecuación»

3x + 2 = 5.

Lo que parece mates con una «x» se vuelve evidente con manzanas. Dejaré a aquellos que recuerdan sus clases de mates, meditar la torpeza de recetas de cocina como «el 2 pasa al otro lado restando» o «el 3 pasa dividiendo».

Otro ejemplo. Cuanto más comensales para un pastel, menos pastel habrá para cada uno. ¿Verdad? Usted acaba de «demostrar» que

Límite de 1/n cuando n tiende a infinito, igual a 0.

Un últimito. Estará de acuerdo que si su coche va a una cierta velocidad V durante un tiempo t, habrá recorrido una distancia V x t. Si a continuación cambia la velocidad durante otro momento, basta con multiplicar la nueva velocidad por el nuevo tiempo, para obtener la nueva distancia recorrida. Y así sucesivamente, cada vez que cambia de velocidad. Al final, usted tendrá que sumar todas las distancias recogidas para determinar la distancia total. ¿Verdad? Pues viene aquí de «demostrar» que,

integral

El signo en forma de boca de violín sólo significa que hacemos una suma. Parece chino. Es sentido común. Lo voy a dejar aquí para no sobrecargar el texto, pero el mensaje está claro: las mates no son una serie de recetas sin sentido que se aplican ciegamente. Solo son una extensión del sentido común.

LAS HIPÓTESIS

Se dice a veces que las conclusiones de «la ciencia» sólo son hipótesis. Y se rumorea que además, dichas hipótesis se hacen a menudo desde una idea preconcebida. ¡Increíble! Cuando usted pierde sus llaves, ¿las busca en la nevera? Lo dudo. Cuando queremos entender un fenómeno, debemos empezar asumiendo un mecanismo. Y, por supuesto, siempre habrá una lista de sospechosos. Unas ideas preconcebidas. Perfectamente.

De modo que se hace una serie de hipótesis y luego, se les somete a las pruebas de la lógica, y/o del experimento, y/o de la observación. Son ellas, la lógica, el experimento o la observación, que se encargarán de validar, o no, las hipótesis. Y la historia de “la ciencia” demuestra que en múltiples ocasiones, estas jueces terminaron imponiendo hipótesis escandalosas en su día (relatividad, mecánica cuántica, Big Bang, tectónica de placas, etc).

¿Por qué «Dios» nunca se encuentra dentro de las hipótesis? Simplemente porque la explicación «es Dios» no explica nada. Yo creo, porque lo dijo Jesus, que Dios hace llover y salir el sol (Mt 5.45). Pero eso no me dice cómo sucede. Un bebé sabe muy bien que sus padres le dan de comer, pero no tiene ni idea de lo que hacen para adquirir los potitos. Si me quedo con «Dios hace volar los pájaros», lo cual es cierto, nunca aprenderé a hacer volar un avión. Si Pasteur se hubiese conformado con «Dios sana a la gente», nunca habría descubierto los microbios.

En realidad, la hipótesis «Dios» siempre es válida. Pero no permite entender cómo lo hace. Dios sabe perfectamente dónde están sus llaves perdidas. Pero dudo que usted se conforme con “Dios lo sabe”.

CONCLUSIÓN

Propongo entonces sustituir la palabra «ciencia», por «sentido común». Las expresiones mencionadas en la introducción se ven radicalmente transformadas: «El sentido común y fe, ¿amigos o enemigos?», «Dios y el sentido común», «La fe frente al sentido común», «Creo en el sentido común», «¿Qué dice el sentido común? «, «El sentido común demuestra que… «…

Algunas, como «Creo en el sentido común» se reducen a una perogrullada pretenciosa. Otras, como «El sentido común y la fe, ¿amigos o enemigos?» pierden mucho sentido. ¿Acaso debería haber enemistad entre la fe y el sentido común? Claro que no. Ojala lo mismo fuera tan obvio acerca de la fe y la ciencia.

Fuente: www.cienciayfe.es

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